Sexualidad femenina

Sexualidad femenina

Para disfrutar y gozar de una relación sexual placentera, la mujer ha de vivirla desde su propia experiencia; debe aprender a reconocer las sensaciones que experimenta su cuerpo, a centrarse en ella misma y en sus sentimientos. De esta forma aprenderá a reconocer cuáles son sus necesidades y cómo satisfacerlas, y conseguirá la confianza en su propia capacidad sexual, necesaria para disfrutar del sexo sin dificultad alguna.

Cosas que debemos saber las mujeres sobre nuestra sexualidad:

  1. Nunca realices el acto sexual contra tu voluntad.
  2. El sexo y el placer son una responsabilidad tuya
  3. El sexo y el placer hay que alimentarlos. Si no riegas las plantas éstas se marchitan.
  4. No olvides que la sexualidad es ante todo sensualidad; no se limita sólo al acto genital, es la vivencia de multitud de sensaciones que puedes experimentar sola o con tu pareja.
  5. La comunicación no significa sólo hablar, significa también transmitir sentimientos y expresar tus deseos y necesidades. La buena comunicación con la pareja nos permite disfrutar intensamente de nuestras relaciones sexuales.
  6. Las fantasías sexuales te pertenecen y son un buen estímulo para intensificar tu placer sexual.
  7. Fingir el orgasmo es engañarte a ti misma.
  8. Tu sexualidad te pertenece a ti, a nadie más, si bien puedes compartirla con quien tú quieras.
  9. Para vivir la sexualidad de forma natural y espontánea es necesario que te dejes llevar por las sensaciones de tu cuerpo, por ello el conocimiento del mismo es fundamental.
  10.  Si tienes problemas o dificultades con tu sexualidad no dudes en solicitar ayuda. Los problemas sexuales tienen solución siempre mediante una terapia sexual adecuada.

Aunque a veces la mujer es consciente de lo que le pasa y en qué debe cambiar, para conseguirlo no es suficiente el deseo firme y la voluntad de solucionarlo; por lo general necesita la ayuda de una terapeuta.

 

 

Sexualidad femenina y problemas sexuales de la mujer

Cada vez es mayor el número de mujeres que acude a la consulta del sexólogo/a con el deseo de solucionar sus dificultades sexuales o de mejorar su vida sexual. Con un tratamiento adecuado la mujer puede solucionar cualquier problema sexual o de relación con su pareja; puede también mejorarse sustancialmente la comunicación entre ambos, con frecuencia la raíz de otros problemas incluso sexuales. Al descubrir la mujer su sexualidad y vivir realmente el placer sexual, se siente mucho mejor consigo misma y muchas veces es el punto de partida para mejorar su autoestima y sentirse mejor preparada para afrontar los problemas del trabajo y de la vida en general.

La Clínica Dr. Matesanz cuenta con psicólogas especializadas para atender los problemas de las mujeres, ellas les ayudarán a solucionar todos sus problemas.

PROBLEMAS SEXUALES DE LA MUJER

Según nuestra experiencia, la mayor parte de los problemas sexuales de la mujer se deben a causas psicológicas y/o emocionales que surgen ante el ritmo de vida impuesto por nuestra sociedad, como estrés en el trabajo, competitividad, relación rutinaria con la pareja, o que tienen una raíz más profunda en la educación y/o en la familia. Las experiencias negativas influyen con frecuencia en la vivencia de la sexualidad vivida con temor e inseguridad. La falta de información así como el desconocimiento del propio cuerpo y de sus sensaciones son asimismo la base de muchos de estos problemas y pueden ser también la clave a la hora de conocer la raíz de los problemas.

Para poder vivir la sexualidad de forma natural y espontánea, la mujer ha de sobreponerse a la ansiedad, a la culpa o a la vergüenza, y muchas veces sólo puede conseguir esto con la ayuda de un terapeuta.

A continuación presentamos brevemente los problemas sexuales de la mujer que hemos detectado con más frecuencia en nuestra consulta.

Inapetencia o bajo deseo sexual

Muchas mujeres se quejan de que no les apetece tener o iniciar relaciones sexuales. Esta inapetencia o bajo deseo sexual puede ser primaria cuando la mujer manifiesta inapetencia desde siempre o secundaria si ha ido perdiendo con el tiempo el interés o el deseo de iniciar o mantener relaciones sexuales.

Como para la mayor parte de los problemas sexuales, las causas de la inapetencia sexual pueden ser muy diversas; la mayor parte de las veces su origen se debe a factores psicológicos, educacionales y emocionales.

La vivencia de la sexualidad es distinta en el hombre y en la mujer. La mujer no ha aprendido tanto a desear como a ser deseada; de ahí que una de las mayores preocupaciones de la mujer a la hora de mantener relaciones sexuales sea el disfrute del otro más que el de ella misma. Muchas mujeres se sienten con la “obligación” de mantener relaciones sexuales con su pareja para que no surjan problemas entre ellos; pocas veces se preocupan por su propio goce o disfrute.

En la mayoría de los casos la desgana y la apatía que la mujer siente ante la relación sexual tiene su origen en factores emocionales y afectivos. La rutina, el cansancio o fatiga y una comunicación inadecuada con la pareja suelen influir poderosamente en la falta de deseo. Es importante tener en cuenta también la influencia de otras disfunciones o problemas sexuales en la falta de deseo de la mujer. Si ésta no llega al orgasmo, o le resulta dolorosa la penetración por falta de preparación, si se presta a la relación por satisfacción de su pareja y no por una necesidad propia es evidente que el interés por mantener relaciones sexuales se verá afectado y “no tendrá ganas”; en el peor de los casos, puede llegar a ceder y entregarse a la relación a su costa.

Anorgasmia o falta de orgasmo

La vivencia del orgasmo o satisfacción sexual plena es la reacción a un conjunto de sensaciones que terminan con intenso placer. Pero no todas las mujeres alcanzan el orgasmo, y esto se debe en la mayoría de los casos, al igual que la falta de deseo sexual, a factores psicológicos, emocionales y afectivos.

La anorgasmia puede presentarse solo en el coito o ante cualquier otra estimulación. Es decir, hay mujeres que son capaces de alcanzar el orgasmo en la masturbación o por estimulación de su pareja pero no en el coito (durante la penetración). Otras mujeres no han vivido nunca un orgasmo. La obsesión por obtenerlo es una de las causas que mantienen el problema.

Vaginismo y dispareunia (dolor en el coito)

El vaginismo y el dolor en el coito se dan con mucho mayor frecuencia de lo que muchas personas piensan. La dispareunia femenina se caracteriza por la presencia del dolor o molestias en el acto sexual. Este dolor puede presentarse antes, durante o después del coito. Hay mujeres que lo experimentan en el momento de la penetración, otras con los movimientos del coito; a veces el dolor continúa después de haber realizado el mismo.

En general, la mujer con dispareunia puede realizar el coito aunque éste le suponga dolor o desagrado. Pero el resultado suele ser insatisfactorio y, por lo mismo, la mujer tiende a evitarlo cuando le es posible. La dispareunia dificulta la excitación de modo que muchas mujeres con este problema no alcanza el orgasmo, aunque pueden introducirse un tampón y aceptar, aunque no siempre de buen grado, la exploración ginecológica. Estas son las características que nos permiten distinguir la dispareunia del vaginismo.

El vaginismo, a diferencia de la dispareunia, hace imposible la penetración. La imposibilidad de realizar el coito se debe a una contracción involuntaria de los músculos de la vagina. Es tal la tensión que se produce en los genitales, y la mujer suele decir que siente como si se le “cerrara” literalmente la vagina. No obstante la respuesta sexual de las mujeres con vaginismo, suele ser satisfactoria siempre mientras no haya coito; responden de manera adecuada a la excitación (experimentan lubricación vaginal), disfrutan del juego amoroso, y tienen habitualmente deseo sexual e interés por mantener relaciones sexuales con la pareja cuando tienen la seguridad de que no van a intentar la penetración. Estas mujeres no suelen tener dificultades para alcanzar el orgasmo mediante la masturbación, el sexo oral o la estimulación manual por parte del compañero. Por tanto, el problema se presenta a la hora de realizar el coito, en el momento en el que la mujer no sólo contrae los músculos vaginales, sino que tiende a cerrar las piernas con fuerza y sentir mucha tensión.

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